Un cuento sobre dinosaurios

Se supone que la vida, con sus idas y venidas, es como una buena canción. Los poetas, por ejemplo, nos la cantan tumultuosa e improvisada como un jazz. Los científicos, en cambio, prefieren hablar de un vals: la Tierra y el tiempo se aferran y dan vueltas eternas en círculo, intentando no perder el compás y llegar indemnes a la siguiente canción.

bancomundialPero resulta que el apocalíptico vals que ahora vivimos no es nuevo: la degradación del planeta, de la vida, se repite cada cierto tiempo. Hace 230 millones de años, por ejemplo, un coro de volcanes se puso a cantar a la vez y dejó el cielo y la Tierra lleno de heces planetarias. El resultado fue, dicen los científicos, como el que está provocando ahora el hombre: calentamiento global, una buena dosis de fuego sobre todo bicho viviente y lenguas de lava dejándolo todo hecho un cristo.

Sin embargo, hubo quien sacó partido al jaleo. Hasta entonces pequeños y sibilinos, los lagartos y sus lenguas bífidas vieron el terreno despejado y crecieron hasta convertirse en dinosaurios. Simplemente, se adaptaron mejor, y durante 135 millones de años se pasearon como señorones por la finca con sus lujosos abrigos de escamas. A algunos les salieron plumas y otros pocos se declararon veganos, pero la mayor parte se conformó con afilar los colmillos, comerse a los más débiles y vivir hasta que un meteorito despistado los mandara al otro barrio.

El tiempo que vivimos ahora parece también propicio para los dinosaurios. Imagino que, al ritmo que vamos, los hijos de los hombres más poderosos del mundo engendrarán hijos cada vez más poderosos y más alejados del resto. Sus padres se están encargando, a base de dinero y ambición, fuego y metal, de crearles un ecosistema perfecto: más alimentos, enemigos más débiles y desesperados y un campo cada vez más abierto.

Qué suerte tenéis, poderosos: creceréis exponencialmente y, cada vez más gordos, grandes y sedientos de sangre, dominaréis esta era.

Pero no lo olvidéis: el meteorito despistado volverá a caer sobre vuestros hijos y las cartas de la baraja, cegadas por el azar, volverán a repartirse en la mesa.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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2 respuestas a Un cuento sobre dinosaurios

  1. Marta Medel dijo:

    Muy buena reflexión. Gracias

  2. Me encanta tu blog. Te dejo la dirección del mío por su quieres echarle un vistazo:
    http://lahistoriadegabriele.blogspot.com.es/
    ¡Besos!

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