Reptiles

Harto de la soledad, Dios alzó el telón de la Tierra y separó tinieblas y luz. Como limitarse a apretar el interruptor le resultaba aburrido, 24 horas después creó el mar y secó lo que quedaba. No era suficiente: ninguna casa está bonita sin plantas, así que se puso el peto de jardinero y sembró flores y ortigas. Pero con tan poca luz los geranios no crecían, por lo que tuvo que inventar el sol y, para compensar, esa pelota de sueños que es la Luna. Con el bañador y un poco de bronceador se fue a la playa, pero el panorama era deprimente: el mar era una sopa sin gracia y el cielo una autopista de nubes, por lo que llenó al uno de peces y al otro de aves voladoras. Y así, tan feliz y entretenido como el dueño de un zoo preescolar, se despertó el sexto día, lo que vendría a ser el sábado.

pictureEn vez de cocinar una barbacoa o acercarse a visitar a su abuela, Él aprovechó la mañana para dar forma a los animales terrestres. El rugido de las bestias retumbó en los silenciosos páramos. El imperial trote de los jamelgos acompasó el tictac del reloj de la pulsera de Dios. Y, sin una buena película en el cine ni una discoteca donde tomar una copa, Dios remató la penúltima jornada alumbrando a reptiles y humanos, a los que en un gesto de generosidad o narcisismo creó a su imagen y semejanza.

Con un origen temporal tan próximo, es lógico que los humanos, en nuestro génesis particular, nos desplacemos como un gusano de tierra. Teo está ahora mismo en esa fase: superado su momento larva, repta de una habitación a otra como una lagartija frenética. De vez en cuando yergue el tronco como un majestuoso dragón, pero por lo general rebusca entre la pelusa como una serpiente de campo.

Los adultos contemplamos esa fase como algo transitorio. Arrastrarse tiene demasiadas connotaciones peyorativas, por lo que aguardamos con impaciencia que nuestros pequeños gateen a toda velocidad y después alcen su cuerpo. Alejarse del suelo les distinguirá de las cucarachas. Sus primeros pasos les definirán, por fin, como humanos. Y caminar les hará de una vez primos hermanos de Dios.

Levanto la vista y lo pongo todo en duda. Veo cuerpos caminar, pero sus espíritus siguen fregando el parqué. La innegociable necesidad de sobrevivir, de cobrar a fin de mes, nos exige a casi todos un repulsivo peaje: actuar como culebras. Pero no importa: con un poco de suerte la serpiente ascenderá y trepará, y en cuanto le dejen sacar una pata la usará para pisotear al de al lado.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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