El atasco

Hay noticias que molaría recibir: que Charlize Theron y Gisele Bundchen están enrolladas, que se ha terminado el petróleo o, todavía más importante, que el vientre de Teo funciona con normalidad. Porque el gladiador mofletudo tiene un Talón de Aquiles: el estreñimiento. Su panza tiene la misma fluidez que la M-30 un viernes al salir del curro.

No puede reprocharnos mucho más (le damos más caricias que a un oso panda recién nacido) pero el crío siente, además de retortijones, impotencia porque sus papás no parecen querer arreglarlo. No es que no queramos, es que no sabemos: con el tamaño de una naranja y más tráfico que una web porno, no tenemos la llave de salida de su estómago.

Así que hace semanas recurrimos a los libros que no sirven para nada y a las pediatras que susurran a los niños, que dictaron sentencia: los bebés necesitan ser estimulados. A nadie le viene mal un masajito en el ano. Y era una buena oportunidad para hacerme el impresdindible, por lo que anuncié que yo me ocuparía del problema. Para ti la puerta de entrada y cebarle, cariño. De la salida de emergencia, del callejón oscuro y pestilente de atrás, me ocupo yo.

Y así fue cómo descubrí el fascinante mundo de acariciarle el ojete a otro hombre. Su madre me facilitó un aceite, aprovechamos el momento posbaño y a Teo pareció gustarle desde la primera vez. A mí también: no sólo tiene un pandero gordito y super suave sino que, incluso, empiezo a entender mejor las letras de los Pet Shop Boys y hasta me gusta la ópera. ¿Lo mejor? Que fue efectivo. Que a cada noche de masaje anal le sucedía un pestilente y delicioso despertar, una mañana repleta de chapapote.

Pero nunca digas que vives en el paraíso, porque será el momento en el que empieces a despedirte de él. Ella lo negará, pero así fue: mi chica empezó a ver con malos ojos ese momento de complicidad padre-hijo y lo vetó. Habría preferido que nos dedicáramos a levantar pesas y consumir esteroides: lo del dedo aceitoso en el culo la debió parecer poco viril.

Y no la culpo: ella no eligió criarse en un país como España en vez de en Escandinavia o la Antigua Grecia.

Así que el masaje pasó a mejor vida… Hasta ayer. Con el crío muy dolorido y la aterradora perspectiva de quedarme todo el fin de semana con él, decidimos dar marcha atrás y recuperar viejos hábitos. Tras el baño, llegó el reencuentro: yo torpe e inseguro, él mirándome con cara de “Pero papá, ¿qué estás haciendo?”. Un breve pataleo y, muy pronto, la evidencia: mola.

Tantos millones de seres humanos no pueden estar equivocados.

Mi chica y yo, tampoco. Acaba de llamarme para decirme que, a media mañana, Teo ha defecado como un caballo. Solos, aliviados y más unidos que nunca (no habrá más masajes hasta el próximo atasco, lo juro), los dos nos enfrentamos a nuestro primer fin de semana solos. Dios y Monsieur Dodot, tened piedad de nosotros.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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Una respuesta a El atasco

  1. Salva dijo:

    Creo que esta vez los comentarios (si los hubiere) van a tener otro tono…

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