Pobrecito

Apenas me acuerdo de en qué andaba a los 20 o a los 15 años, pero sí de muchísimas cosas de cuando tenía 10. Me acuerdo, a veces, de un chaval al que perdí la pista. Era rubio, pelo liso, ojos marrones y vivos y algo que le distinguía del resto: su padre se había muerto cuando él tenía unos meses.

No era algo de lo que se hablara mucho, pero lo sabíamos todos. Le acompañaba ese estigma, ese halo de maldito, que adjudicamos a otros en la niñez. Ese chico era como el adoptado, el gordo o el que andaba con dificultad. Era el diferente. El raro.

El chico tenía la voz muy ronca y hablaba con gravedad. No le gustaba sacar mucho el tema, pero un día el tema salió, no sé muy bien por qué, después de clase. Estábamos los dos tumbados en una de las colchonetas verdes del cole, y yo temblaba de emoción. Quería preguntarle mil cosas sobre lo que había pasado pero no debía mostrar entusiasmo, porque él lo percibiría y cambiaría en el acto de asunto.

La verdad… No recuerdo mucho de esa conversación. Su padre se había muerto de peritonitis (“peritonitis… ¿qué es eso?”), su madre se volvió a casar pasado un tiempo y bueno… La cosa no era tan grave. El marido de su madre era su padre, sin más. “Para mí es mi padre”, dijo, y bajando con fuerza los párpados dio por cerrado el asunto.

Me pareció lógico entonces, y me lo siguió pareciendo hasta ahora. Su padre desapareció, él no se acordaba de él y otro señor, estupendo, había ocupado su lugar. Pero ahora… Pienso que el razonamiento no era solo suyo, y que madre, abuelos, tíos y otros muchos familiares se lo habrían repetido. Pienso en el hombre que se murió, en cómo esos meses antes de palmar debió de querer a su hijo. Y en que su hijo, su voz, sus ojos, su gesto, no le habían perdonado el morirse. Ese “para mí es mi padre”, además de autoconsuelo, tenía algo de castigo.

Hasta que he sido padre no he pensado en ese hombre muerto. “Pobrecito”, decían siempre del chaval… “Pobrecito”. Pobrecito las pelotas. Pobrecito el padre que, además de palmar y quedarse sin su hijo, le quitaron hasta el título.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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2 respuestas a Pobrecito

  1. Marta dijo:

    Hola Rafa, cada día estás más “profundo”, esto de la paternidad te está cambiando, jajaja. En serio, me encanta el blog. Un beso fuerte a los 3

  2. Cata dijo:

    Rafa, estoy convirtiendome en fan y voy a pelear por el primer puesto! vaya que te esta afectando la paternidad!!!! cuantas reflexiones vienen con estas pequenas criaturas!!
    un beso,
    Cata

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