Mantén la cabeza fría

“¿Es que todo lo que hago está mal?” (Adolf Hitler)

Tener a seis mujeres a tu alrededor mola si eres un príncipe árabe o Julio Iglesias, pero para un nene de dos meses es estresante. Demasiados estímulos: doce brazos que quieren cogerte. Doce ojos que te observan. Y, sobre todo, seis bocas charlando a tu alrededor. En esas se vio el pequeño Teo cuando, el otro día, cinco amigas de mi chica vinieron a comer a casa.

Un hombre está muy equivocado si cree que pinta algo en una situación así, por lo que bajé las orejas, acepté mi ínfimo rol secundario y me refugié en la sombra. Eso sí: las alimenté a todas (un revuelto de calabacín riquísimo), estuve muy cariñoso (hasta las ofrecí una copa) e intenté que se sintieran a gusto.

Pero tres horas después… Me estaba volviendo loco. Dieciséis conversaciones se cruzaban a la vez. Siempre había alguien yendo a la cocina, o al baño, o recibiendo mil mensajes de móvil. A cada rato, alguna de las seis se carcajeaba, o rozaba el llanto. Y, por supuesto, todas hablaban de gente a quien no he visto jamás.

En resumen, too much. Pero cuál sería mi sorpresa cuando percibí que a Teete, el otro hombrecito presente, le estaba pasando lo mismo. Suele dormir mucho, pero esa tarde no lo hacía. Come como un cachorro de hiena, pero no se concentraba. Y, aunque parecía feliz entre tanta mecha y labio perfilado, era innegable: estaba nervioso. Demasiado jaleo. Estaba atrapado en un cruce entre La casa de Bernarda Alba y Alguien voló sobre el nido del cuco. 

Así que tomé las riendas, adopté el rol de líder de la manada y fui claro: “Chicas, me voy con Teo a dar un paseo, a ver si se duerme un poco”. Y, para mi sorpresa, hasta mi chica me dio el visto bueno, aceptando que el pequeño estaría mejor en un parque con su padre que allí.

Salimos a la calle y, durante los diez primeros minutos, Teo lo miró todo alucinado, como un animalillo que ha recuperado la libertad. Durante los diez minutos siguientes me regaló todo tipo de sonrisas, creo que de agradecimiento. Y, finalmente, se sobó. Relajado. Tranquilo. Lejos de esa ruidosa Convención de Cotorras.

Fuimos hasta el Retiro, nos adentramos en él y, de pronto, decidí regresar. Porque el niño seguía sobadísimo pero, en cuanto empezara a soñar con un pezón calentito, la cosa se jodería. Di la vuelta, aceleré el paso y recé porque Teo no abriera los ojos o, mejor dicho, no abriera la boca con hambre y empezara a berrear.

Fue un milagro: Teo se despertó a dos manzanas de casa y, momento mágico, lo hizo de forma apacible. Y así aparecimos los dos. Tranquilos. Relajados. Misión cumplida. Hace dos horas me llevé al niño nervioso, os dejé solas, pudisteis hablar de todas vuestras historietas y ahora, padre modelo, traigo a Teo descansado y con buen color (aplausos, aplausos, aplausos).

Pero no, estimado lector, nadie me aplaudió. Ni coreó mi nombre, ni dijo eso de “hay que ver hija qué envidia qué buen hombre has elegido”. Las amigas de mi chica pasaron de mí. Y mi chica… Ojalá me hubiera ignorado también. Porque me recibió nerviosísima por haber tardado tanto, porque aunque me había llamado al móvil no se había quedado tranquila.

En resumen: que me cayó bronca. Por haberme ido al Retiro. Porque había sido mucho paseo (dos horas). Porque estábamos lejos y el niño podría haber tenido hambre, llorado, sufrido y cambiado varias veces de color (eso es cierto, cuando Teo llora mucho cambia siempre de color).

En resumen: que lo había hecho todo mal.

Bajé la cabeza. Reflexioné. Y, por una vez, me mordí la lengua. OK, cariño, todo bien. Tienes toda la razón. Jamás volverá a pasar.

Porque sé que el cabreo de una madre primeriza y reciente siempre está justificado y, sobre todo, dura poco. Porque sé que tarde o temprano volveremos a irnos de paseo los dos chicos solos. Y porque todos, tú, yo y el pequeño Teo, hemos pasado una tarde magnífica.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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Una respuesta a Mantén la cabeza fría

  1. Marta Medel dijo:

    Genial Rafa!!! me he reido un buen rato… espero que ls amigas de tu chica no lean esto.

    Pd.- la mia tb cambia de color …

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