Una decisión difícil

Para qué negarlo: soy de los que van a los cumples sin regalo y a comer a las casas ajenas sin postre. Porque soy un cutre, y mi chica es víctima de mi cutrez. Y eso no es bueno, porque a todos nos encanta que nos den sorpresas y nos traigan detallitos.


La ocasión, ayer, merecía un detallito. Mi chica volvía a currar, solo un rato, pero me comprometí a ir a su despacho prontito para recoger a Teo y dejarla así tranquila. Así fue: llegué, saludé y, feliz y responsable, volví a casa de paseo con mi niño. Sí, era uno de Esos Momentos: tarde preciosa, bebé relajado y padre-monzón, de esos capaces de inundar una ciudad con sus babas.

Sólo faltaba un detallito así que, en un arrebato insólito, entré en una de esas tiendas que tanto le gustan a ella para comprar algo rápido. Una apuesta segura, un golpe perfecto, salvo que… Muchacho, no sabes lo que es entrar en una tienda de chicas armado con un bebé de dos meses. “Ay qué mono”, dijo la primera de las jóvenes dependientas. “Qué boca, qué naricita”, añadió la segunda, aún más joven y bonita que la anterior.

Porque no seamos hipócritas, cariño: el niño nos tiene agotados, descuidamos nuestra higiene y tenemos un aspecto espantoso, pero aún conservamos la vista. Y créeme: no sabes cómo era la tercera de las dependientas. “No puedo. No puedo con este bebé. No me lo puedo creer”, dijo ella. Y Teo, con sus dos meses, sus babas y sus problemas de gases, también vio que esa chica era muy guapa y le estaba dando bola. Así que hubo carcajadas, bracitos enloquecidos, pataleos de felicidad desbordante y, sobre todo, ¡esos gorjeos! ¡Esos irresistibles ruiditos! ¡El cabrón la dedicó su catálogo de monerías!

Y fue efectivo, porque ella le sobó los mofletes, le acarició la barbilla y, dirigiéndome por primera vez la mirada, por fin se atrevió a preguntar. “¿Puedo coger al bebé?”.

Y… No, señores, no la dejé coger al bebé. En un acto de madurez, me sorprendí a mí mismo diciéndole que no a una chica encantadora. Porque era preciosa y tierna, pero sé lo imprevisibles que son estos diminutos seres. Porque intuí que, por quién sabe qué motivo, el buen rollo de mi hijo se podía ir al carajo. Porque hay una ley inquebrantable: si un bebé parece feliz, no le toques las pelotas. Si está bien en el carrito, no lo saques. Es material inestable, nitroglicerina: es fácil joder la marrana.

Y no, no valía la pena que mi hijo empezara a berrear en los delgados y bien contorneados brazos de esa bella y desconocida morena. Que se nos fastidiara el paseo. Que Teo, en décimas de segundo, pasara de Mr. Bebe 2012 a La semilla del diablo, yo tuviera que llamar con urgencia a su madre y, además de un detallito, lo único que pudiera entregarle fuera a su bebé furibundo y una preciosa tarde arruinada.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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Una respuesta a Una decisión difícil

  1. josemi dijo:

    Perico entre ellas: (masculino, coloquial) Dícese del hombre que se gusta de estar siempre entre mujeres.
    La aproximación zoológica más evidente es: Pavo Real :))
    PD: Cortadle la etiqueta a Trompeta!!

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