La cuareterna

“No lo llame bebé, llámelo anticonceptivo” (Confucio)

Teo acaba de cumplir dos meses y, la verdad, mi chica se ha recuperado estupendamente. Si le preguntan ella dirá que está espantosa y hecha un trolebús, pero no la crean: si vestida está guapa, desnuda está mucho mejor. No quiero entrar en detalles (senos contundentes, vertiginosas caderas, piel tersísima… ¡he dicho que no iba a entrar en detalles!), pero yo la veo mejor que antes del embarazo, hace tres o cuatro siglos.

Sí: hoy vamos a hablar de sexo (dispararemos las estadísticas de este blog). O, mejor dicho, de la ausencia total de sexo, porque tras el parto hay un periodo llamado “la cuarentena” que, ya lo saben, se caracteriza por los puntos, el sangrado, el suelo pélvico… En resumen: que después de sacar al lechoncito es mejor no enredar por ahí.

Sé que hay quien no la cumple (obsesos, sin duda), pero nosotros la hemos respetado a rajatabla. Al principio me costó: será porque soy un caprichoso y siempre quiero lo que no tengo, pero la acorralaba por las esquinas, la exigía cochinadas adolescentes… Un tema hormonal, imagino, o el subidón de virilidad por haber sido papá. Hasta que, hace tres semanas, la matrona nos dio Licencia para follar.

Pero… Al principio era ella. La sola mención del tema la aterrorizaba. “Creo que deberíamos esperar un poco más”. “Es que todavía me duele”. “¿Y si me haces daño con ese miembro descomunal?” Y mi fuego, poco a poco, apagándose. Después fui yo. “Me da cosa, con el niño colgado de tu teta”. “Teo está aquí al lado, en su cunita… ¿Qué somos, animales?”. No lo veía claro.

Por último, recuerden: el agotamiento. La paliza. Este capítulo interminable de Walking Dead. Porque alguna noche me ha apetecido atacar a mi chica, pero por qué lo llaman amor cuando quieren decir necrofilia: está muerta. Y tampoco es que yo me lo curre mucho: mi afán por satisfacerla apenas llega a hacer la cena y dejar la cocina más o menos limpia (aplausos), darle besitos y abrazos (ooooooh, qué tierno) y hacerle un masaje reparador (ovación).

Pero cuidado, porque la situación cambiará. Nuestro invierno nuclear concluirá. Y, como la jungla al llegar la noche, nuestra habitación se llenará de alaridos animales y bestias acechándose mutuamente. Espero que Teo tenga el sueño profundo y el oído un poco duro, porque del dormitorio de sus papás saldrán ruidos que vosotros, los humanos, no podéis ni imaginar.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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3 respuestas a La cuareterna

  1. Raque Machón dijo:

    Muy bueno el blog y mucho más buena aún esta última entrada, aunque, a decir verdad, es poco alentadora para aquellos locos y/u obsesos del sexo que se encuentran en estos momentos con las manos en la masa, jaja.

    Me alegra mucho tu paternidad y espero que sigas alegrándonos las tardes…

    Un abrazo muy fuerte!

  2. David González Machón dijo:

    Rafaelin hijo, me doy cuenta que sigues muy mal de tuyo…

  3. Olga dijo:

    Ya te digo yo que los niños no se enteran ni del nodo, igual que las madres desarrollamos una especie de superpoder para escuchar el llanto de nuestros niños desde el más profundo de los sueños, los niños desarrollan un superpoder para ignorar los alaridos sexuales de sus progenitores. Bss

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