La angustia

Sucedió ayer, pero podría haber pasado cualquier noche: a las cuatro de la mañana, mi chica se despertó. Luces encendidas, idas y venidas al baño, resoplidos y, por fin, un anuncio: “Rafa, el niño no está bien. Estoy angustiada por el bultito que tiene en la nuca”.

Yo estaba completamente sobado. Ni sabía de qué niño me estaba hablando, pero miré a mi lado y lo recordé todo: esta chica tan nerviosa era mi novia y la bolita dormida en el centro de la cama nuestro hijo. Y era verdad: un rato antes de acostarle le habíamos detectado un pequeño bulto en la nuca.

Pensé en la hora que era, en que al día siguiente me reincorporaba al trabajo, en el millón de cosas que tendría que hacer. En que, en ese preciso instante, no podía combatir al bultito. Y, sobre todo, en lo a gusto que estaba durmiendo, y las ganas que tenía de seguir haciéndolo. Así que refunfuñé: “Venga, acuéstate. Ven de una vez a la cama”.

No es raro que mi chica me despierte: que si están entrando a robar por la terraza, que si hay tanques soviéticos invadiendo Ventas, que si un tumor en un dedo no la deja dormir… Suelo ignorarla, y esta vez pretendía hacer lo mismo. Se enfadó, discutimos brevemente y, antes de que la cosa fuera a mayores, me di la vuelta y dormí.

Pero qué coño… Media hora después estaba despierto contemplando a Teo. Tocándole la nuca. Pensando en que, por favor por favor, ese bultito no fuera el primer síntoma de una enfermedad espantosa. Y aunque el nene ha amanecido feliz, no he parado de pensar en el bultito todo el día, mientras resolvía ese millón de cosas importantísimas que en el fondo no importaban un carajo.

La pediatra (novena visita en seis semanas) ha dictado sentencia: Teo está perfectamente. El bultito es un ganglio, un no sé qué, algo normal. Es raro que le pase algo grave a un niño, pero no que una madre pierda el sueño ante la menor amenaza. Instinto, responsabilidad, paranoia, amor… Llámalo como quieras. Pero que sepas que ni la hipocondria ni el miedo se contagian, pero que la preocupación por un hijo sí. Aunque uno tarde un rato en darse cuenta, aunque uno duerma profundamente. Dicen que un niño une: la angustia porque no le pase nada malo une más.

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Acerca de rafavidiella

Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
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4 respuestas a La angustia

  1. Cruz dijo:

    Me ha encantado el blog y este post en concreto. Tengo muchas ganas de conocer a Teo, que por las fotos que he visto, es una preciosisad. Bienvenido al mundo de los padres y madres blogueros, no sabes en qué secta te has metido, jeje.

  2. Isra dijo:

    Yo desde que soy padre he constatado, amigo Rafa, algo que ya intuía: Amar es temer.

    Un abrazo.

  3. Carmen dijo:

    Hola Rafa, precioso blog…Yo también empecé uno cuando fui mamá. Adjunto link por si te apetece http://mysweetmami.blogspot.com.es. Soy Carmen (antes en alta y en wanda y ahora en otras cosas ya te contaré). Abrazo

  4. Reblogged this on El BLOG de PSICOLOGIAYPSICOTERAPIA.COM and commented:
    Divertida y fresca visión de un padre sobre la experiencia de la paternidad. Excelente!

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